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miércoles, 7 de abril de 2010

Microsoft muestra su sistema para controlar la consola sin mandos


Una cámara especial es el único complemento necesario para que una Xbox 360 interprete los movimientos del cuerpo de un jugador hasta en 48 puntos móviles distintos, con los que podrá manejar un juego. Es el resultado de Project Natal, la apuesta de Microsoft por convertir su consola en un éxito, y que por primera vez se pudo ver ayer en España.

En la línea impuesta por Apple con sus presentaciones para los medios de comunicación antes de los lanzamientos para crear expectación, Microsoft dio a conocer detalles de la propuesta, que ya anunció el pasado junio en la feria E3. Natal es una respuesta directa al éxito de la Wii de Nintendo, pero más sofisticada. Si en la consola más vendida es un mando el que detecta el movimiento y hace posible la interacción entre el jugador y la máquina, aquí todo el cuerpo es susceptible de participar: sea para golpear un balón, conducir un automóvil o dar patadas de kárate.

De momento, el juego que se exhibe en estas presentaciones, Ricochet, es simple pero interesante: el usuario debe golpear pelotas contra una pared haciendo puntería. El tiempo de reacción entre el movimiento y la respuesta del cuerpo representado en la pantalla no acaba de estar afinado, pero se trata de una beta (una prueba) y resulta bastante impresionante. Todavía no hay datos sobre lo que costará el aparato o los juegos que incorporará, que se anunciará en la siguiente feria E3 dentro de un par de meses. Sin embargo, se especula con un precio en torno a los 80 euros, y Microsoft insiste en que son numerosas las desarrolladoras que ya están trabajando en títulos que sólo podrán usarse con esta máquina.

El principal problema para el triunfo de Natal está en la cantidad de espacio necesario para su funcionamiento. Al menos hacen falta dos metros y medio de salón entre el aparato de televisión y el lugar donde se encuentre el jugador.

El avión, con el que Bertrand Piccard pretende dar la vuelta al mundo

Una hora y media ha estado en el aire el avión Solar Impulse , en su primer vuelo, en el que ha alcanzado los 1.200 metros, propulsado únicamente por la energía solar. Es la primera etapa de una serie de ensayos que pretenden culminar en una vuelta al mundo sin escalas dentro de tres años.

Como una libélula, el prototipo imaginado por el explorador suizo Bertrand Piccard despegó a las nueve y media de hoy desde la base militar de Payerne, en el oeste de Suiza. Sin apenas ruido y tras recorrer sólo unos 100 metros, el Solar Impulse se elevó muy lentamente y desapareció en el cielo azul, dejando tras de sí una multitud de curiosos y periodistas.

El avión, propulsado por sus cuatro motores eléctricos de 10 caballos de potencia cada uno y seguido por dos helicópteros, ha volado durante una hora y media aproximadamente, pilotado por el alemán Markus Scherdel.

Como única fuente de energía, el aparato se vale de unas 12.000 células fotovoltaicas que recubren sus alas y que alimentan los motores eléctricos, además de permitir recargar sus baterías de litio de 400 kilogramos de peso.

La envergadura de sus alas alcanza 63,4 metros -como un Airbus 340- y el peso 1,6 toneladas -como un coche-. Este primer vuelo sigue a un salto de unos 400 metros a muy baja altura realizado en diciembre de 2009.